Mis amigos no son adivinos ● Decir lo que quieres

5 Aug 2017

¿Cansado de no obtener el apoyo y comprensión que necesitas de otras personas? Tal vez tienes la sensación de estar siempre a disposición de los otros, pero te sientes solo cuando eres tú el que necesita ayuda.

 

Me ocurrió esto durante muchos años. Siempre estaba escuchando los problemas de los demás, siempre dispuesta a echar una mano cuando me necestiaban, perdiendo horas de sueño y descuidando mis quehaceres para ser la mejor amiga. Me gustaba la sensación de poder ayudar a otros, y lo hacía con gusto, pero con el tiempo empezaron a crecer en mí un cansancio, una frustración, una rabia. Cada vez que era yo la que necesitaba apoyo me sentía abandonada. La gente a mi alrededor me trataban con mucho cariño cuando necesitaban algo de mí, pero nadie parecía darse cuenta de que yo también tenía problemas...

 

Para mí, el primer paso fue analizar los motivos que me impulsaban a ponerme constantemente a disposición de los demás. Descubrí que en parte lo hacía como excusa para no enfrentarme a mis propios problemas: mientras estaba ocupada con los problemas de otros, no tenía tiempo de ocuparme de los míos. Y siendo muy sincera, tuve que reconocer que en parte lo hacía para manipular sutilmente a otras personas, haciéndoles sentir que me debían algo.

 

Pero aún me irritaba la aparente falta de empatía de la gente. “¿Por qué nadie me pregunta cómo estoy? ¿Por qué nadie se da cuenta de lo que estoy pasando?”, me preguntaba. La solución definitiva a mi sufrimiento llegó cuando entendí algo importante: La mayoría de las personas no son adivinas!

 

Muchas veces damos por sentado que la gente a nuestro alrededor sabe cómo nos sentimos y lo que necesitamos. ¿Cómo podrían no darse cuenta? Pero lo cierto es que las otras personas también tienen una vida llena de problemas y no, probablemente no ven lo que para uno es evidente, porque su prioridad no es analizar las emociones de otras personas, bastante tienen ya con manejar las suyas propias.

 

Por otro lado, hay ocasiones en las que uno espera que los demás le entiendan, sin darse cuenta de que es uno mismo quien no se aclara, no sabe lo que quiere.

 

La buena noticia es que tenemos boca para hablar, para expresar lo que sentimos y pedir lo que necesitamos. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto exponer nuestros deseos? A muchos nos da apuro pedir, decir lo que queremos. Pensamos que vamos a molestar y nos sentiremos rechazados, cuando lo cierto es que crea mucho más rechazo una persona indecisa y frustrada que una con una fuerte autoestima que no tiene miedo de decir lo que quiere.

 

Quiero hacer una reflexión sobre la extendida creencia de que sólo enfadándonos podemos conseguir lo que queremos. Cuando tomas esta creencia por cierta tienes dos opciones: O te conviertes en un gruñón y te ganas el rechazo de tus congéneres, o te conviertes en un blandengue que se deja pisotear con tal de ser considerado como una persona agradable.

 

Yo decidí renunciar a esa creencia hace tiempo. Descubrí que es posible pedir e incluso exigir lo que es tu derecho, sin necesidad de irritarse, perder la compostura, y lo que es más importante: sin que la situación te cree estrés a ti.

Cualquier ser humano se sentirá más motivado a colaborar contigo si se le trata con respeto y amabilidad. Pero es indispensable expresar con la mayor claridad posible lo que quieres. Sin avergonzarse, sin rodeos ni parábolas, sin dar por sentado que el otro ya sabe... A veces no basta con decirlo una vez, y hay que insistir, pero siempre con amabilidad.

 

Cuando pides de esta forma, no hay lugar a ofensas ni malentendidos. El otro siempre tiene la opción de dicir NO, pero nunca dirá Sí mientras no entienda lo que necesitas. 

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