Mi vida no es perfecta

12 Aug 2018

 

A pocas horas de alcanzar los 100.000 suscriptores en Minimalistamente me encuentro nadando en un torbellino de emociones contradictorias. 

 

Lo obvio:

・Me siento eufórica y enormemente agradecida por el amor y el apoyo que me brindan diariamente tantísimas personas. Habiendo invertido tanto tiempo y energía en este proyecto, la satisfacción que siento es mayúscula.

・Estoy atónita. Pareciera que fue ayer cuando grabé mi primer vídeo con voz temblorosa  para inaugurar mi canal y no me explico cómo ha llegado a convertirse en algo tan grande y con vida propia, gracias a todos vosotros. 

 

Lo menos obvio pero brutalmente real: 

・100.000 no es más que un número, no tiene un significado real ni le da más valor a mi trabajo. 

・Cuando tantísima gente sigue cada palabra que publicas en la red, te entra un enorme sentido de la responsabilidad (si tienes unos niveles mínimos de consciencia y sentido común). Y cuando digo responsabilidad, digo canguelo. ¿Estaré siendo coherente con lo que predico? ¿Me habré expresado con claridad? ¿Es culpa mía si me malinterpretan? ¿Estaré influenciando negativamente a alguien? ¿Es mi aportación valiosa para la humanidad, o soy otro estereotipo manido originando ruido?

 

Conste que tengo la conciencia tranquila porque todo lo que he publicado está hecho con máxima honestidad y buena intención. Por desgracia, eso no garantiza automáticamente la calidad de lo que hago. A las puertas de este pequeño triunfo personal me siento en la obligación moral de hacer una profunda auto-revisión.

 

Lo reconozco, en ocasiones he querido dar una imagen a través de las redes que se correspondía más con mis deseos que con mis circunstancias reales. Nunca he mentido ni me he inventado nada. Sin embargo, sí que he puesto montones de filtros a mis fotos, he omitido detalles bochornosos de mi historia y he puesto buena cara cuando por dentro quería llorar y comer helado. 

 

Tal vez os he inducido, sin pretenderlo, a pensar que el sol siempre brilla en Minimalista-land. Quería parecerme a los influencers de éxito. Acabé creyendo que sus vidas eran perfectas y yo no podía quedarme atrás. Creí que tengo que estar siempre divina y pletórica para tener credibilidad, para que otros me tomen en serio, para tener éxito.

 

También he llegado a creer que tengo la obligación de dar más y más y más, y de hacerlo mejor y mejor y mejor, y además hacerlo mucho más rápido... y seguir estando siempre fantástica. A medida que mi proyecto ha ido creciendo, también ha aumentado la presión que me pongo a mí misma de alcanzar la perfección.

 

Pues os voy a contar la cruda realidad: Mi vida no es perfecta y estoy muy cansada de intentar que lo parezca.

 

No voy a negar que mi vida actual es un auténtico chollazo. Soy libre, hago lo que quiero cuando quiero... pero mi trabajazo me cuesta. Todo, absolutamente todo tiene un precio y no, amigos, no es fácil tener una "vida de ensueño", lo que quiera que eso signifique. 

 

Soy feliz y también soy humana. Tengo muchos problemas, como todo el mundo. Hay días que sólo quiero esconder la cabeza debajo de la manta y no salir hasta la primavera que viene. Hay días que lloro descontroladamente. Hay días que siento tristeza, miedo, vergüenza, que tengo ganas de mandarlo todo a freir espárragos y marcharme a vivir en la copa de un árbol, que me siento exhausta.

 

Me encanta compartir con vosotros mis momentitos de gloria, y lo seguiré haciendo, y seguiré poniendo filtros de colores a mis fotos, porque me divierte una barbaridad! Pero cada día me siento más inclinada a compartir también mis dificultades y mis miserias. Ni para quejarme, ni para dar pena, sino para ofreceros un ejemplo REAL de las ideas que os propongo, puestas en un contexto real.

 

Ser feliz no significa estar siempre contento. Ser feliz es aprender a conservar la estabilidad emocional a lo largo de la interminable sucesión de variopintas experiencias que nos sobrevienen diariamente. Los que nos dedicamos al desarrollo personal le hacemos un flaco favor a nuestro público si únicamente le mostramos nuestras caras sonrientes.

 

No nos engañemos: La suerte no existe y todos sufrimos dificultades. La vida es una travesía por una cordillera de picos y valles. Habrá algún iluminado que desarrolle alas y la cruce planeando, pero el común de los mortales debemos atravesarla a pata y nos basta con no despeñarnos por el camino y ser capaces de disfrutar del paisaje.

 

Yo no sé cómo hacer que te crezcan alas, pero te ofrezco mi bastón y mi mano para atravesar con paso firme los tramos más complicados.

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Hola! Soy Adriana. Mi pasión es inspirar a otras personas a sacar el máximo partido a su vida.
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