Madrugador o noctámbulo

23 Feb 2018

 

Siempre me he considerado una persona nocturna. Desde niña he sentido que mi mente creativa empezaba a despertarse con la puesta de sol. Por el contrario, las mañanas se me hacían cuesta arriba. Me fastidiba tener que esforzarme por mantenerme despierta mientras el resto del mundo parecía moverse mucho más rápido que yo.

 

Por suerte o por desgracia, los músicos tenemos un horario de trabajo que rara vez empieza antes de las 10:00, claro que también es frecuente volver a casa de madrugada después de un concierto, o un viaje. De esta forma, nunca tuve la necesidad de acostumbrarme a madrugar, y reforcé mi hábito de quedarme levantada hasta tarde, aprovechando las horas después del trabajo para mis actividades creativas y de ocio, y muchas veces también para las tareas del hogar.

 

El problema es que, por muy despierta que estuviera mi mente, llegaba agotada a la noche, y muchas veces sólo me quedaba fuerza para tirarme en el sofá y ver series. ¿Por qué no me iba a dormir? ¡Porque mi mente estaba demasiado activa!

 

Entonces descubrí el minimalismo, y empecé a escuchar con repetida insistencia el testimonio de personas que relacionaban su gran éxito personal y profesional con el hecho de levantarse especialmente temprano para aprovechar esas horas de paz y silencio, antes de que el resto del mundo empiece a funcionar.

 

Personas que escriben un libro en los ratitos antes de llevar a los niños al colegio e irse a trabajar, o que empiezan su día a las 5:00, y hacia el mediodía ya han terminado sus tareas y están libres para disfrutar de su familia y sus aficiones.

 

Me impresionó profundamente una magistral clase de Berto Pena sobre productividad personal a la que asistí el mes pasado. Entre otras múchisimas cosas, nos explicó el impacto que tiene en nuestra productividad el levantarse temprano y dedicar la primera hora a nuestra “roca”, o tarea más importante del día.

 

La clase de Berto dejó una huella en mi subconsciente que difícilmente se borrará. He empezado a cambiar mis horarios de sueño para dormir mis ocho horas a la vez que madrugo. No es siempre fácil, porque me enfrento a un mal hábito muy arraigado, pero ahora sé que no solamente soy capaz de levantarme temprano, sino que mi nivel de satisfacción se eleva exponencialmente cuando lo hago. Es más: he descubierto que soy igual de creativa (o más) a primera hora, cuando he descansado bien.

 

Hacer mi “roca” del día a primera hora, junto con un sistema de listas para organizar mis tareas, ha supuesto un antes y un después en mi trabajo, mi creatividad, y mi felicidad.

 

Si te ha picado la curiosidad y te apetece mejorar tu productividad, tienes mucha información interesante en el Blog de Berto Pena: www.thinkwasabi.com

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Hola! Soy Adriana. Mi pasión es inspirar a otras personas a sacar el máximo partido a su vida.
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