El valor de la mujer en una letra

14 Dec 2018

 

No dejan de asombrarme los comentarios que recibo acerca de mi falta de sensibilidad por no utilizar un “lenguaje inclusivo” en mis vídeos y artículos, osea, por no incluir la forma femenina. 

 

Todos sabemos que la Real Academia Española considera correcto el uso del masculino genérico para referirse a ambos sexos, pero ese no es el tema. Se le está pidiendo a la RAE que cambie esta norma gramatical para adaptarse a un lenguaje no sexista que que incluya el uso de expresiones como “amigues” y “todes” (esta última me suena especialmente mal, ya que en alemán, “todes” es el genitivo de la palabra muerte).

 

Toda esta polémica me aburre y me entristece, y no tengo intención de participar de ella. El don de la escritura es el mayor placer que me ha regalado la vida, me considero una amante de la gramática castellana y sé que mi forma de expresarme es correcta. Ya lamento que haya personas que se sientan ofendidas, pero ciertamente no es mi intención ni mi responsabilidad que algunos (o algunas, en este caso sí) se sientan discriminados.

 

Al contrario que muchas personas, yo siento que mi valor como mujer no está definido por una letra. 

 

Tampoco me siento más valorada cuando algún político dice “ciudadanos y ciudadanas” delante de una cámara. No, yo me siento respetada como mujer cuando se me valora por mi personalidad, no por mis curvas. Me siento respetada cuando cobro lo mismo que mis compañeros masculinos, cuando se me permite relacionarme libremente con mujeres y hombres (y nadie se siente amenazado o se pone celoso), cuando me dejan descansar los días del mes que sangro. Por suerte, esta es la realidad que he creado para mí, no sin un gran trabajo previo de desarrollo personal y de autoestima.

 

He leído ya varios libros que utilizan exclusivamente la forma femenina, algunos de los cuales incluso escritos por hombres. ¿Y por qué no? ¡Para gustos los colores! Pues a mí, en ocasiones, me sale natural escribir en masculino refiriéndome a mí misma, no me preguntéis por qué. Francamente, no me siento menos femenina por ello. 

 

Los hombres y las mujeres somos maravillosamente diferentes, por fortuna. Nuestro cuerpo es diferente, pensamos diferente, sentimos diferente, trabajamos diferente, amamos diferente... Ni mejor, ni peor; simplemente somos distintos. Desempeñamos papeles diferentes y complementarios en la sociedad y en la familia, y ambas partes son de vital importancia para el buen desarrollo y equilibrio de nuestras vidas.

 

Entiendo que la mujer se ha visto reprimida y discriminada a lo largo de la historia y soy consciente de que sigue ocurriendo hoy en día. Pero creo que, en la búsqueda de nuestro lugar, las mujeres nos hemos visto empujadas a ocupar el papel de los hombres para hacernos respetar. Es triste que tengamos que perder nuestros rasgos femeninos para sentirnos fuertes e independientes. 

 

El mundo necesita mujeres femeninas y, tal vez sean imaginaciones mías, pero creo que los hombres, en general, se sienten desconcertados ante este fenómeno. También ellos se sienten discriminados y atrapados en un rol social, y tienen graves dificultades para encontrar su papel y su sitio. Y a ellos, al contrario que a nosotras, nos les está permitido hablar de su problema, porque se les acusaría de machistas, o peor aún, de blandengues.

 

No hace mucho que escuché a un inteligente señor al cual tengo en buena estima decir que las mujeres son mejores que los hombres, porque dan la vida y son más inteligentes y guapas... ¡He aquí cuan confundidos están! 

 

Estoy convencida de que el problema de discriminación a la mujer se acabará cuando las mujeres como colectivo dejemos de sentirnos inferiores y atacadas, cuando aprendamos a conocer nuestra naturaleza y a amarnos por lo que somos. Seremos fuertes e independientes, pero también nos permitiremos ser sensibles e intuitivas, nos sentiremos cómodas mostrando nuestra vulnerabilidad, fluiremos con los ciclos naturales y nuestros ciclos internos, dejaremos de competir unas con otras y nos hermanaremos. Y honraremos a nuestros hombres y caminaremos junto a ellos, permitiéndoles expresar su propia esencia. 

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