Liberando al escritor interior

12 Jul 2018

 

Aún es temprano. Observo desde la ventana la lluvia densa que cae sobre los árboles del bosque que se adivina entre la niebla. Todos duermen, y aprovecho este momentito de silencio para escribir unas líneas por puro placer.

 

Escribir es una de las cosas que más me gustan del mundo mundial. Escribo sin parar desde que tengo memoria, desde que aprendí a poner una letra temblorosa detrás de otra. 

 

Desde muy pequeñita escribía notitas a mi hermana gemela para disculparme después de las peleas. Le pasaba una notita por debajo de la puerta, y ella me pasaba otra, hasta que nos reconciliábamos y la puerta se abría. 

 

Luego empecé a escribir cuentos y poemas. Sencillamente me sentaba con un papel y un lápiz, y las historias surgían de la nada. Me maravillaba la magia que salía de mi cabeza, era tan fácil!

 

Al llegar a la adolescencia, el drama de mi vida real acaparó toda mi atención, y dejé de plasmar mi imaginación sobre el papel para escribir una especie de diario interminable donde volcaba todo mi desconcierto y frustración. Era muy terapéutico, pero dejé de entrenar la escritura creativa y con el paso del tiempo se me fue oxidando la capacidad de crear historias.

 

Tras varios años y largas libretas de drama adolescente, me aburrí al fin de recrearme egocéntricamente en mis problemas, y empecé a utilizar la escritura como una herramienta para entender la vida. Descubrí que si lanzaba una pregunta al aire y empezaba a escribir sin pensar, las respuestas llegaban a mí como por ciencia infusa. En este punto empecé a entender eso que cuentan muchos escritores: que escribir es prestar atención y poner sobre el papel la información que te llega.

 

No sé si mi escritura pueda resultar valiosa para otras personas. Hace poquito que empecé a compartir con vosotros algún que otro tímido artículo en este Blog, pero reconozco que aún no he tenido el valor de desnudarme emocionalmente y mostrar al mundo las voces que escucho en mi cabeza.  

 

Cuando me encuentro en lugares como este, rodeada de bosque y montañas, lejos del ruído de la vida moderna, reconecto con el impulso de ponerme a escribir como si no hubiera un mañana. En este momento debería estar escribiendo protocolos, o revisando la web, o trabajando en mi próximo taller... y en cambio estoy aquí mirando la lluvia que cae sobre las montañas y tecleando las palabras que surgen en mi mente.

 

No tengo ni idea de por qué estoy escribiendo ésto ni por qué voy a publicarlo.

Tal vez sirva como una promesa a mí misma de dar completa libertad de expresión a mi escritora interior. Y tal vez sirva para dar un empujoncito a los escritores interiores de vosotros que me leéis y tocaros la fibra sensible para que también vosotros los saquéis de paseo. 

 

Todos tenemos un escritor dentro; la cuestión es si tenemos el valor de dejarle escribir. Y me doy cuenta de que no es mi escritora, sino mi ego, el que mueve la pluma cuando escribo para otras personas. La escritura auténtica no puede ir dirigida a captar la admiración del público. Independientemente de si lo que escribo será leído por otros o no, me comprometo a escribir aquello que desea ser expresado, tal y como desea ser expresado.

 

Desde mi escondite rodeado de montañas os invito a uniros a mi promesa de liberar al escritor interior. Veremos hasta dónde llega la broma...

 

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Hola! Soy Adriana. Mi pasión es inspirar a otras personas a sacar el máximo partido a su vida.
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