Momento perfecto con un café frío

20 Mar 2018

 

Me encuentro sentada en mi café favorito, delante de un delicioso latte, y me dispongo a disfrutar de este momentito de perfecta felicidad y a escribir sobre él, cuando suena una notificación en mi móvil. Veo el nombre de una querida amiga y no consigo resistir el impulso de abrir la nota de voz que me acaba de enviar. Sonrío mientras escucho su mensaje y me siento un poquito más cerca de ella. 

 

Entre otras cosas, me hace algunas preguntas y me pide ayuda. Pienso que si lo dejo para más tarde me olvidaré, así que empiezo a buscar información en internet y a pensar soluciones. Después de un cuarto de hora y sin saber muy bien cómo, me encuentro enredada en redactar un email aburridísimo que tenía que haber enviado hace días a otra persona. 

 

Me siento distraída y tengo la desagradable sensación de que se me ovida algo... Ah, claro, mi amiga! Vuelvo a los mensajes y le envío una respuesta inconclusa, con la intención de darle una solución real más tarde, cuando esté más centrada.

 

A estas alturas mi café ya está medio frío, pero no me lo tomaré sin antes hacerle la foto de turno para mi Instagram. Un café tan primorosamente presentado merece este tipo de "honor".  

 

A mi lado, el camarero mantiene una fascinante conversación en tres idiomas con una joven que está sentada sola en una mesa, mientras me deslumbran las luces azules de un coche de policía que ha aparcado en la puerta. Parece ser que ha habido una pelea en la calle. Y ya no sé bien lo que estaba haciendo, así que abro mi lista de tareas e intento decidir lo que voy a hacer a continuación, pero me da la sensación de no ser capaz de empezar ninguna, con mi nivel de concentración actual.

 

Ya llevo aquí más de media hora sentada delante de mi ordenador y mi café frío y todavía no he hecho nada productivo. Las impresiones del momentito perfecto que quería plasmar en este artículo se han esfumado sin dejar rastro, se me han escapado como arena fina que se escurre entre los dedos sin que me diera tiempo a ponerlo en palabras. 

 

¡Pues vaya minimalista estoy hecha! -pienso, frustrada. Un mensaje me pilló desprevenida y me perdí un momento de perfecta felicidad. Sin embargo, este tipo de experiencias me ayudan a enteder cada día mejor de qué manera nos afectan los estímulos de nuestro entorno, y los teléfonos "inteligentes" en este caso. Dicen que el primer paso es tomar consciencia. 

 

Recuerdo con cierta alegría que el minimalismo mental, esto es, la habilidad de enfocarse en lo importante y eliminar distracciones, es un proceso de una profundidad insospechada que probablemente nunca termina. 

 

Dos años de minimalismo, y esto no ha hecho más que empezar... Siento de nuevo esa emoción y ese cosquilleo en el estómago, y vuelvo a experimentar un efímero momentito perfecto frente a mi café frío.

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