7 Hábitos para enfrentarse a un día tonto

15 Jul 2017

Hoy es uno de esos días. Mi estado de ánimo ha estado oscilando entre la ilusión y la melancolía, entre la sociabilidad y la introspección, la exaltación y la tristeza, la serenidad y la rabia... Todo me molesta, y mis pensamientos tienden peligrosamente a la negatividad.

 

Será que no dormí mis 8 horas, o que mis hormonas están en alerta premenstrual, o que simplemente tengo un día tonto. El motivo en realidad me da lo mismo en este momento. Estoy cansada y de mal humor, y sólo quiero que se termine este día tan agotador.

 

 

Seamos realistas: No importa lo bien que nos vaya la vida ni el grado de felicidad que alcancemos, jamás lograremos librarnos de nuestro abanico de emociones incómodas, porque son un componente esencial de la existencia humana. La pregunta, entonces, no es cómo liberarnos de las emociones incómodas, sino cómo aprender a convivir con ellas y dejar de luchar.

 

Si pienso en cómo ha cambiado a lo largo de los años mi forma de reaccionar ante este tipo de “días tontos”, me doy cuenta de que las emociones que aparecen una y otra vez son siempre las mismas, pero hace algún tiempo me negaba a aceptarlas, y todo mi esfuerzo se enfocaba en eliminarlas lo más rápidamente posible. Me machacaba dando vueltas a cada problemita hasta que se volvían problemones, de forma que lo que empezaba siendo un día tonto se convertía en una depresión.

 

Con el tiempo y la práctica voy aprendiendo que lo que me hace sufrir no son las emociones en sí, sino el hecho de oponer resistencia y negarme a aceptarlas. Me he vuelto más amable conmigo misma, me trato con especial cariño en esos momentos, y he ido integrando una serie de hábitos muy simples que me facilitan la tarea de enfrentarme a un día tonto:

 

1. Parar.

Hacer una pausa en cuanto advierto que tengo un día tonto. Me tomo unos minutos para mirar en mi interior y tomar consciencia de lo que está pasando en mi mente y en mi cuerpo. No juzgo lo que siento, simplemente lo observo y lo traigo a mi consciencia.

 

2. Respirar y aceptar.

Hago unas respiraciones profundas, y me permito sentir lo que estoy sintiendo. Me digo en voz alta “en este momento siento ___ y me doy permiso para sentirlo y procesarlo”.

 

3. Retirarse.

Cuando estoy de mal humor, no es agradable para otros estar cerca de mí (según me han confirmado en numerosas ocasiones), y a mí me cuesta mucha energía estar en compañía de otras personas. Me permito un tiempo a solas para recuperarme. Si no me es posible aislarme, hablo con las personas que están conmigo, y les explico cómo me siento, para que no nos molestemos mutuamente.

 

4. Escribir.

Uno de los mejores trucos que conozco para procesar emociones y preocupaciones es escribir. Tiene un efecto esclarecedor mágico. Funciona mucho mejor cuando escribes a mano.

 

5. Descansar.

Estar de mal humor es incómodo, pero estar de mal humor y cansado es insufrible! La mayoría llevamos un ritmo de vida frenético y tenemos siempre miles de cosas que hacer, pero cuando tienes un día tonto es muy difícil hacer un trabajo realmente productivo. Yo prefiero dejar algunas tareas para otro día, e irme a dormir temprano. La experiencia me dice que este hábito me ahorra mucho tiempo.

 

6. Mimarse.

A mí me gusta mimarme siempre, pero me lo tomo especialmente en serio cuando tengo un día tonto. Cocinarme algo rico y nutritivo, ir a la sauna, encender unas velas, escuchar un disco de Duke Ellington...

 

7. Dar un paseo.

Otro hábito milagroso. Lo ideal es una buena excursión en la naturaleza, pero como no siempre es posible, muchas veces salgo simplemente a la calle a pasear sola un ratito por el barrio, respirar aire fresco, mover las piernas, observar el mundo sin la prisa de las tareas cotidianas. Me despeja muchísimo la cabeza, y automáticamente me siento mejor. 

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