Acabar con las guerras y el hambre en el mundo

1 Jul 2017

Todo el que habla de desarrollo personal sabe que se va a enfrentar a una serie de preguntas de forma recurrente a lo largo de su viaje.

 

Desde que empecé a hablar de desarrollo personal me he topado con muchas de estas preguntitas que a veces están hechas con sana curiosidad, y otras veces a pura mala leche, del tipo: “Si todo el mundo persigue su sueño, ¿quién hará todos los trabajos que nadie quiere hacer?”, “¿Cómo se puede sentir amor universal incondicional, cuando hay tantos violadores y asesinos?”, “¿Por qué otros tienen suerte, y yo no?”... Lo cierto es que estas preguntas-trampa que a menudo me suponen un auténtico reto, son las que más me hacen reflexionar y me llevan a encontrar respuestas nuevas.

 

 

Una de mis preguntas favoritas es esa que surge irremediablemente cada vez que hablo de cómo el Universo conspira a tu favor cuando tus acciones están enfocadas en tu propósito de vida:

¿Y qué pasa con los que no tienen oportunidades? ¿Qué pasa con los refugiados de Siria y los niños hambrientos de África? ¿Por qué el Universo se ha olvidado de ellos?”

 

Lo cierto es que yo misma solía hacerme esta pregunta hace tiempo, y hoy quiero compartir con vosotros mis pensamientos sobre el tema:

 

Podría hacer muchas reflexiones al respecto de los montones de historias que conozco de personas agradecidas y llenas de amor que habiendo pasado por una gran pérdida o suceso traumático, tienen la sabiduría de aprender de ello y se dedican ahora a ayudar y guiar a otras personas con su experiencia.

 

Podría filosofar sobre cómo las leyes y funcionamiento del Universo son misteriosas e inefables, que no hay nada casual y todo forma parte de una unidad perfecta, pero no es posible desde nuestra perspectiva humana comprender el sentido de cada acontecimiento que percibimos de forma aislada y a través del filtro de nuestra interpretación subjetiva.

 

Podría sugerir que debemos dejar de juzgar aquello que no conocemos, y podría seguir escribiendo pensamientos profundos que suenan a rollo esotérico new age y me dan alergia a mí misma...

 

Pero en mi opinión el quid de la cuestión está en sanar primero los asuntos propios antes de pretender arreglar el mundo.

Me parece que muchos, incluyéndome la primera, tenemos la tendencia de distraernos con los problemas de otros para no enfrentarnos a nuestro drama personal. No quiero decir que debamos ignorar las guerras y el hambre en el mundo y mirar hacia otro lado, pero ¿no es algo incoherente preocuparme por la paz en Medio Oriente cuando no soy capaz de mantener la paz en mi propia casa?

 

Muchos hablamos de las injusticias sociales porque nos sentimos en la obligación moral de hacer algo para cambiar esta realidad. Pero la mejor forma (y yo diría que la única) de crear un cambio real en nuestro entorno y en el mundo es a través de nuestro ejemplo. Cuando una persona vive en completa coherencia con sus principios, su mera presencia genera un impacto poderoso, como un faro que ilumina a cuantos le rodean. El mundo es como un espejo, nos devuelve la misma cara que le mostramos. Si quieres que el mundo te sonría, empieza a repartir sonrisas a diestro y siniestro!

 

Venga, os dejo otra de esas frases-cliché que me gustan tanto, que no se sabe si la dijo Gandhi o el hijo de la portera, pero para el caso es lo mismo:

“Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

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