Liberarse de relaciones perjudiciales

7 Apr 2017

De la misma forma que nos deshacemos de objetos innecesarios para ganar espacio, paz, claridad mental y bienestar en general, también lo podemos hacer con nuestras relaciones. Cuando “acumulamos” relaciones sin elegirlas conscientemente, nos creamos una fuente de estrés, y no tenemos la energía para dedicarnos a las que de verdad nos importan.

 

Para mí, liberarme de las relaciones que me estaban dañando fue la clave que me permitió salir de un círculo vicioso de depresión. Creo que es indispensable aprender a reconocer y distinguir las relaciones que nos perjudican, y tener el valor de dejarlas ir si es necesario.

 

Pero cuidado, ¡no se trata de deshacerse de las relaciones difíciles para no tener que esforzarnos! Las relaciones más profundas e importantes a menudo suponen un auténtico reto en nuestra vida y requieren mucha dedicación y superación personal. Pero nos nutren y nos hacen crecer, por eso sabemos que tienen un propósito.

 

¿Y cómo nos liberamos? A veces es preciso romper con una persona definitivamente, pero la mayoría de las veces no será necesario adoptar una solución tan radical. Pocas veces es necesario retirar la palabra a una persona para siempre. A veces tendremos que alejarnos durante una temporada, otras veces verles con menos frecuencia, y en ocasiones tendremos simplemente que cambiar nuestra actitud interna mientras seguimos viéndoles como siempre. Osea, lo importante no es tanto si vemos y hablamos con una persona, como el grado de implicación emocional que permitimos.

 

No hay una fórmula mágica. A la hora de liberarnos de una relación, debemos mirar en nuestro interior, ser honestos con uno mismo, y decidir cuáles son nuestras necesidades y dónde están nuestros límites. No hay dos relaciones iguales, así que las soluciones serán diferentes en cada caso.

 

Muchas veces, la parte más complicada es comunicar nuestra decisión a la otra persona. A veces nos agobiamos pensando que el otro se va a molestar, y nos sorprendemos al descubrir que no necesitamos dar ninguna explicación, que el otro tampoco tiene tanto interés en la relación. Pero hay relaciones en las que no puedes simplemente desaparecer sin decir nada. En mi opinión, debemos explicar brevemente cómo nos sentimos, y por qué necesitamos distanciarnos, pero nunca culpar o hacer reproches a la otra persona. Si el otro lo entiende y lo acepta, estupendo! Pero si no lo entiende, evitaremos enredarnos en justificaciones y discusiones innecesarias, y aceptaremos que necesita tiempo para digerirlo.

 

Al alejarnos de una persona, es muy importante la actitud interna que elegimos: No queremos alejarnos con rencor, enfado o despecho... ¡No nos alejamos para castigarle! En ningún caso pretendes hacerle daño intencionalmente, sino que estás tomando la decisión que consideras más apropiada tanto para tí como para la otra persona. Sabremos que estamos en el camino correcto cuando nos alejamos desde la compasión y el amor: El amor hacia el otro y hacia uno mismo. Desde el “me he dado cuenta de que estamos atrapados en esta relación que nos limita a los dos, y elijo liberarnos”.

 

Cuando nos alejamos, a menudo nos harán reproches, nos llamarán egoístas e insensibles, pero no debemos caer en el sentimiento de culpa. Cuando lo hacemos de esta forma, con amor, y para cuidar nuestras necesidades vitales, no nos deberían afectar estas opiniones. 

 

Quiero dejar claro que no estoy hablando de dejar tirada a una persona que te necesita. Pero es indispensable pararnos a reflexionar si esa persona realmente nos necesita, si realmente podemos ayudarle, y si de verdad es nuestra responsabilidad. En líneas generales, si las necesidades del otro pasan por encima de las de uno mismo, la relación está desequilibrada.

 

Al despedirme de una relación, siempre me gusta dar las gracias y reconocer el papel que tuvo esa relación en mi vida. Se le puede dar las gracias a la persona directamente, o si no está receptiva se puede hacer mentalmente. Tiene el mismo efecto!

 

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