Dejar de quejarse para cambiar el mundo

24 Mar 2017

 

¿Cuántas veces nos quejamos al día? Es casi imposible mantener una conversiación sin quejas. La queja está tan integrada en nuestro sistema, que ni siquiera nos damos cuenta, no la registramos.

Pero, ¿Qué es lo que ocurre en realidad cuando nos quejamos?

 

La queja es una expresión de disconformidad y malestar cuando alguien o algo no cumple con nuestras expectativas. Sentimos que el otro, o Dios, o el Universo, nos está fastidiando. Pero lo cierto es que nadie nos puede “hacer” nada. Todo lo que yo veo fuera, todo lo que me molesta de otros, no es más que un reflejo de mí misma. Todo lo que yo percibo fuera, es lo que está ocurriendo dentro de mi, y ocurre para que yo pueda verlo y sanarlo. 

 

No es que si me roban es porque yo soy un ladrón, no es una cosa tan literal (aunque a veces puede serlo), sino que muchas veces es muy sutil. Puede ser que te roben para que puedas ver tus creencias limitantes con respecto a la abundancia, o puede que alguien te falte al respeto para mostrarte cómo te faltas el respeto a ti mismo. Una vez que has mirado y sanado el tema, dejas de vibrar en esa frecuencia, y dejas de atraer ese tipo de experiencia. 

 

Cuando yo me quejo, estoy asumiendo que no tengo ninguna responsabilidad en lo acontecido, y por tanto renuncio a mi poder de cambiarlo y de crear una realidad nueva, convirtiéndome en una víctima. 

La queja nos convierte en víctimas! Y claro, eso nos da cierta satisfacción, porque el ego se hincha, y despertamos la empatía de otros que también se sienten víctimas, y nos alimentamos unos a otros. Así nunca saldremos del patrón de negatividad y escasez. 

 

Hay una ley universal que dice que atraemos a nuestra vida aquello a lo que prestamos más atención. Si yo estoy en la queja, estoy prestando atención a mis pensamientos negativos, y voy a atraer todavía más de aquello de lo que me estoy quejando. Entonces sentiré que yo tenía razón, me quejaré más, y entraré en un círculo vicioso. 

 

El cerbro automatiza todo lo que repetimos con frecuencia, creando conexiones neuronales. Cuando nos quejamos, creamos conexiones neuronales que nos hacen reaccionar automáticamente con más queja y negatividad ante situaciones similiares. Esto, a la larga, nos lleva precisamente a aquello que no queremos. 

 

Y, ¿de qué sirve quejarse? Si se puede resolver el probema, toma acción y resuélvelo. Si no se puede resolver, a otra cosa mariposa, pero quejarnos en ningún caso nos va a beneficiar. 

 

Tenemos que dejar de quejarnos. Ahora, dejar de quejarse no significa convertirse en un pelele y dejar que te pisoteen. Puedes ser consciente de algo que no te gusta, buscar una solución y tomar acción, todo ello sin quejarse, y será mucho más efectivo. 

 

Además, a la gente le resultará agradable estar cerca de ti, y atraerás a personas más positivas que si andas quejándote, porque la gente feliz huye de los quejicas. 

Si os fijáis bien, las personas felices no se quejan. ¿Por qué? Pues porque están demasiado ocupadas siendo felices! Han asumido plena responsabilidad sobre su vida, y están tan comprometidas con su propósito de vida que no tienen tiempo ni ganas de quejarse. Eso es abundancia! No es que no tengan problemas, sino que tienen otra actitud frente a la vida. 

 

¿Quieres cambiar el mundo? Deja de quejarte! 

 

Y ¿Cómo vamos a hacerlo?

 

Empezaremos por prestar atención y hacernos conscientes de la cantidad de quejas que decimos y escuchamos en una conversación cualquiera. Analizaremos si eran necesarias, si han servido de algo, y qué estado emocional nos ha inducido.

 

El siguiente paso es que cada vez que empieces a expresar o pensar una queja, paras y en vez de la queja, expresas un pensamiento de gratitud. ¿Por qué? Pues porque la gratitud y la queja son incompatibles. Y porque la gratitud es una energía poderosa que atrae milagros a tu vida. Intentar eliminar un pensamiento negativo puede ser misión imposible, funciona mucho mejor sustituirlo por un pensamiento positivo. Además, de esta manera te creas al mismo tiempo el hábito de la gratitud, y matas dos pájaros de un tiro. 

 

Por último, nos vamos a negar a participar en conversaciones de queja. “Entonces me quedaré más solo que la una”. Pues mejor solo que mal acompañado. Sí, es posible que al principio te sientas desplazado, pero en poco tiempo vas a notar que:

1. La gente se queja menos en tu presencia. 

2. Atraerás a personas más positivas. No hay que infravalorar la influencia que ejercemos con nuestro ejemplo en la gente que nos rodea. Esto es muy poderoso, yo lo he experimentado: Cuando dejas de quejarte, tu entorno cambia radicalmente.

 

Yo creo que es cambiar el mundo es posible a través de pequeñas iniciativas personales. Pienso que si cada día somos más personas las que dejamos de quejarnos, en conjunto podemos hacer una gran diferencia, y cambiar la vibración del planeta.

 

 

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